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Hermanos

Hermanos

La familia funciona como un equipo de trabajo. En ese equipo no hay nadie que sea más que otro, todos son importantes. Deben (o deberían) trabajar a la par, arremangarse frente a las adversidades. Inflar el pecho cuando hay aciertos. Es la forma de trabajo que posee mayores probabilidades de éxito.

Una manera de entender ese trabajo en equipo es a través del concepto llamado “sinergia”. Esta palabra que suena un tanto extraña proviene de un vocablo griego que significa “cooperación”.

Una definición de la palabra “sinergia”: unión de dos o más elementos que genera una fuerza mayor que la equivalente a la suma de las fuerzas individuales. Pués, podríamos interpretar que la “Sinergia”, nos refiere a unir nuestros conocimientos y habilidades con las de otros, para llegar a los objetivos propuestos de manera más eficiente y óptima.

En el trabajo de ser “Escuchador de Historias” en las consultas psicológicas, las experiencias con las que se presentan las familias -en la mayoría de los casos- el actor principal es el hijo que presenta alguna dificultad (enfermedad/ discapacidad, etc.), y los demás hijos -e incluso los propios padres- son algo así como los actores de reparto. Esos actores de las películas que cuesta recordar su nombre.

Por lo general, los padres se refieren al “otro hijo”, con frases como… “es buenísimo con su hermano”, “Mi otro hijo es tan bueno que nunca se enferma”. Pareciera que estos otros suelen ser hijos que demandan lo mínimo indispensable. Son estudiosos, sociables, educados. Dan poco trabajo, son independientes y les sobran virtudes. Sin embargo, ante esta constante, hace un tiempo los profesionales de la salud, comenzaron a detenerse en los “otros hijos”. A preguntar por ellos, a observarlos, a hacerlos participar de las terapias, a escuchar lo que tienen para decir esos hermanos no mirados que forman parte de la familia. ¡Del equipo! ¡Y tienen mucho para decir! Les pasan un montón de cosas… por la cabeza y por el corazón. Miedos, preguntas sin respuestas, incertidumbre, dudas, enojos, resentimientos, vergüenza, celos, culpa. Todas estas sensaciones, reclamos y pensamientos necesitan ser expresados, acompañados y escuchados.

Los hermanos, en ocasiones sienten injustas muchas situaciones. Mencionan que el otro hermano tiene “coronita”. Poseen la sensación de tener más presiones o la obligación de estar siempre dispuesto para “ayudar al hermano”, a pesar de no tener ganas.

Involucrar a los hermanos como actores protagonistas es fundamental, por diversas razones. Familiarmente, uno más uno, es mucho más que dos… para abordar con éxito nuestro objetivo propuesto. ¡Sinergia! Para que el barco avance, todos -pero todos- deben remar para el mismo lado y de forma sincronizada.

Para los padres es casi instintivo tender a cuidar, a proteger, a mirar y hablar más, del hijo que “más” lo necesita. Es algo natural, que sencillamente surge, como si estuviera escrito en el ADN de los padres. Es comprensible teniendo en cuenta que ese hijo está atravesando internaciones, reiteradas consultas con diversos médicos, corridas -y hasta urgencias-, operaciones, trámites burocráticos reales. Vivencias que no son optativas, no se eligen.

Cómo no entender el desborde que esto implica, e incluso, el sentimiento de culpa y/o arrepentimiento por parte de los padres. Lamentablemente, no existe una fórmula mágica para evitar o revertir estas situaciones. La buena noticia, es que si hay una oportunidad de cambio… empezar por ser conscientes de lo que “si se puede hacer” y de lo que “si se puede mejorar”. Los cambios son posibles. Requieren de una dosis alta de tranquilidad y sin apuro. El desafío es modificar aquello que no nos queda cómodo (a uno mismo o a alguien que es parte de nuestros afectos). Y si no podemos cambiar, el desafío estará en trabajar para reconocerlo y aceptarlo.

La recomendación para los padres que atraviesan estas experiencias de vida es administrar lo más equitativamente posible la energía entre todos los hijos. Aún aunque eso implique hacer malabares, o parecer que se es parte de la película “Misión Imposible”. Un desequilibrio en función de responsabilidades, puesta de límites, y atención, muchas veces, da como resultado una relación de competencia entre los hermanos.

Intervenir a tiempo, equiparar la atención entre los hijos generará una mejor relación entre hermanos. De colaboración, respeto, tolerancia y de igualdad. Los hermanos necesitan de la mirada de sus padres. De su tiempo y dedicación. De caricias, de abrazos. Piden a gritos callados poder equivocarse, requieren de paciencia, de no tanta exigencia. Que se los pueda ver también con sus propias limitaciones, como todos las tenemos. Necesitan tiempo dedicado sólo a ellos. Necesitan que alguien les pregunte ¿cómo estas vos?. Que se les explique qué es lo que está sucediendo.

Será fundamental que ante la posibilidad de realizar un abordaje terapéutico, los hermanos sean parte protagonista, que participen activamente del proceso. Que dejen de ser el hermano de… para convertirse en ellos mismos.

Artículo realizado por Lic. Celeste Campano.

La Enfermedad de Crohn, Colitis Ulcerosa y Colitis Indeterminada son llamadas en su conjunto Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII)

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